Cáncer de mama: importancia del código postal

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Octubre es el mes de Sensibilización del cáncer de mama. Es imprescindible informar sobre su prevención, porque según datos de la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, IARC, cada año se producen 1,38 millones de nuevos casos y 458.000 muertes por cáncer de mama, que es, sin duda, el más frecuente en mujeres tanto de los países desarrollados como en desarrollo.

Una de cada ocho mujeres europeas desarrollaremos un cáncer de mama
Una de cada ocho mujeres europeas desarrollaremos un cáncer de mama

El cáncer es una enfermedad  multifactorial, es decir, no se debe a una sola causa. El ritmo de división celular y la posibilidad de errores no sólo se deben a factores genéticos, al tiempo o la “suerte”. Los factores ambientales, como la exposición a determinados contaminantes hormonales, pueden jugar un papel importante, según indican un numero cada vez mayor de investigaciones.

Uno de estos estudios es el realizado por el Centro Nacional de Epidemiología, que ha elaborado el mayor mapa de la mortalidad por cáncer realizado hasta la fecha en España, ya que ha analizado datos de un millón de muertes por cáncer entre 1989 y 2008, en cada uno de nuestros municipios. El estudio desveló que el riesgo de morir por ciertos tumores malignos es más de un 50% mayor en algunas zonas de la península que en otras, lo que lleva a los científicos a afirmar:

“El código postal parece más importante que el código genético”

De hecho, la carga de contaminación ambiental, es decir, la cantidad de contaminantes en nuestro entorno, se considera el tercer factor por orden de importancia en el desarrollo de cáncer de mama, según un estudio de JM Ibarluzea, que relaciona los efectos combinados de estrógenos ambientales (o lo que es lo mismo, contaminantes hormonales) con el riesgo de contraer cáncer de mama.

Los contaminantes hormonales o disruptores endocrinos (EDCs) son sospechosos de estar relacionados con la incidencia de cánceres en órganos dependientes de las hormonas, como el cáncer de mama, testículo, próstata o tiroides. Pero, en ocasiones, es difícil demostrar esta relación en los humanos debido a que una de las características de estos contaminantes es que sus efectos en la salud aparecen en las siguientes generaciones, hijos o incluso nietos de las personas expuestas.

En el caso del cáncer de mama, pueden pasar décadas entre la exposición de las madres y la aparición del cáncer de mama en las hijas. Un grupo de investigadores de EEUU se propusieron demostrar la relación entre exposición y riesgo de cáncer, llevando a cabo una investigación de 50 años sobre 9.300 hijas de mujeres expuestas a DDT  en los años 60 y 70. Los resultados muestran que 50 años más tarde, las hijas de estas mujeres expuestas a DDT tenían un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama. Aquí podemos ver un resumen del estudio llamado “DDT Exposure in Utero and Breast Cancer” de Barbara Cohn y publicado en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism.

DDT Exposure in Utero and Breast Cancer. Estudio de Barbara Cohn del The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism

Otros muchos estudios indican que existe relación entre los contaminantes hormonales y el mayor riesgo de cáncer de mama. Por lo tanto, la prevención de la exposición a disruptores endocrinos, sobre todo en el embarazo, debe ser, junto a la detección precoz, una de las piedras angulares de la lucha contra esta enfermedad.

La exposición, aunque no pueda evitarse totalmente, se puede reducir en gran medida siguiendo consejos como el consumo de productos sin pesticidas, la reducción del uso del plásticos en envases alimentarios o la compra de cosméticos o jabones sin parabenos o ftalatos, entre otros muchos. En nuestro blog ya han aparecido muchos de estos consejos y seguiremos dando muchos más.

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