La Comisión ignora al Parlamento Europeo y negocia sobre tóxicos en el TTIP

 

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La Comisión Europea está ignorando las líneas rojas marcadas por el Parlamento Europeo en las negociaciones del TTIP respecto a la regulación de las sustancias químicas, los pesticidas y los productos cosméticos, con lo que pone en grave peligro la salud de la población y el medio ambiente.

Así lo denuncia la carta enviada al Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, por Ecologistas en Acción junto a más de 65 organizaciones ecologistas, de la salud, agrícolas, sociales y de consumidores.

En 2015, el Parlamento Europeo acordó una resolución en la recomendaba a la Comisión unas pautas sobre cómo deberían desarrollarse las negociaciones de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés): unas líneas rojas que deberían haberse respetado en las negociaciones del tratado.

Pero, como denunciamos en nuestra carta, la Comisión ha ignorado estas líneas rojas en lo referente la protección de la salud pública, del medio ambiente y de la democracia. En concreto:

a) La Comisión negocia a la baja la protección frente a los tóxicos

A pesar de que el Parlamento aconsejó expresamente “no entablar negociaciones cuando la UE y los Estados Unidos tengan una normativa muy diferente“, la Comisión ha incluido en las negociaciones temas en los que Europa tiene una normativa mucho más protectora, como son los productos químicos, los pesticidas y los cosméticos. También quiere permitir la cooperación legislativa para estos temas, en contra de la recomendación expresa del Parlamento.

Con el objetivo de eliminar barreras al comercio, la Comisión ya está rebajando los estándares de protección de la salud y el medio ambiente europeos, como ha ocurrido con los límites de residuos de pesticida permitidos en los alimentos y la reciente propuesta de modificación de la normativa de plaguicidas, de este mismo mes de junio.

Aún no sabemos a dónde llegará esta nueva propuesta de cambio de la normativa de plaguicidas pero expertos de Pesticide Action Network temen que, de seguir adelante, sea prácticamente imposible prohibir y eliminar del ambiente pesticidas como el glifosato y otros muchos que afectan al sistema hormonal.

b) La Comisión no respeta el sistema legislativo europeo

La carta denuncia que la Comisión pretende permitir al Gobierno de EEUU un “acceso temprano” a las primeras fases de borrador de normas europeas, incluso antes de que lleguen al Parlamento Europeo. Este acceso privilegiado puede permitir que EEUU proponga nueva legislación europea o menoscabe la existente antes de que se haya iniciado el procedimiento legislativo formal. Y todo esto a pesar de que el Parlamento pidió a la Comisión que “respetara la legislación a ambos lados del Atlántico“.

Genon K.Jensen, Directora de la coalición Health and Environment Alliance (Heal), a la que pertenece Ecologistas en Acción en su campaña libres de contaminantes hormonales, alerta de que este “acceso temprano” puede aumentar la presión de EEUU para rebajar la normativa de contaminantes hormonales, tóxicos que se relacionan con graves enfermedades y pérdida de fertilidad. Según K.Jensen “en Europa hemos prohibido 80 pesticidas que aún se utilizan en EEUU” y si los nuevos criterios de contaminantes hormonales se aprueban en otoño, será muy difícil prohibir un pesticida que tenga efectos adversos en el sistema hormonal.

De forma indirecta, el Tratado ya ha influido en la propuesta de regulación de los contaminantes hormonales presentada por la Comisión. Como refleja el informe de la periodista Stèphane Horel, “Un asunto tóxico”, el TTIP ha sido utilizado por la industria durante los últimos años como excusa para retrasar la regulación de los contaminantes hormonales.

También se nota la influencia de las negociaciones en el hecho de que la propuesta final de regulación, presentada por la Comisión en junio no siga los cauces legales establecidos por los tratados europeos y sea tan favorable a los intereses industriales que puede dajar a la población expuesta a los disruptores endocrinos en pesticidas, cosméticos y objetos de la vida cotidiana. Infórmate más aquí.

c) Sistema de tribunal de inversiones, un mero cambio de siglas

Por último, ante la recomendación del Parlamento de que se reformara el Mecanismo de solución de controversias (ISDS, en inglés), la Comisión ha propuesto reemplazarlo por el sistema de tribunales de Inversión (ICS), más transparente que el ISDS según la propia Comisión.

Pero según los firmantes de la carta, este sistema no respeta la jurisdicción de los tribunales de los estados miembro, no asegura juicios independientes, ni asegura que el interés privado no socave los objetivos de las políticas públicas. De hecho, la Asociación de Jueces de Alemania definió la propuesta del ICS como ilegal el pasado mes de febrero.

Análisis del cumplimiento de las recomendaciones del Parlamento

Desde la campaña “Trading health for profit” las organizaciones Center for International Environmental Law (CIEL), ClientEarth y Health and Environment Alliance (HEAL), han elaborado un análisis preliminar del cumplimiento de las recomendaciones del Parlamento en materia de salud ambiental y democracia en las negociaciones del TTIP, en base a los últimos documentos disponibles a 7 de julio de 2016.

La conclusión final de este análisis es que la Comisión ha ignorado las recomendaciones que en 2015 le hizo el Parlamento Europeo. En estos momentos se está celebrando la 14 ronda de negociaciones: sin un inmediato y brusco cambio de curso, la Comisión negociará un acuerdo que “ni el Parlamento, ni los estados miembro ni la población europea pueden, deben, ni seguramente, van a aceptar”. 

 

 

 

La población seguirá expuesta al glifosato 18 meses más

CONCENTRACIÓN DE MIEMBROS DE LA COALICIÓN EDC FREE, DE LA QUE ECOLOGISTAS EN ACCIÓN FORMA PARTE, FRENTE AL EDIFICIO DE LA COMISIÓN, AYER

La Comisión Europea realiza una extensión de 18 meses del permiso de uso del glifosato sin el apoyo de los estados miembro y frente a la oposición de la población.

A pesar de que la Comisión ha presentado propuestas para la renovación del herbicida en los tres últimos Comités de Plantas, Animales, Alimentos y Piensos e incluso ha intentado conseguir su aprobación en un Comité de Apelación, los estados miembro no se han atrevido a votar a favor del glifosato ante la gran oposición y preocupación que genera en la población europea este pesticida probable cancerígeno según la Agencia Internacional de Estudios para el Cáncer (IARC) y disruptor endocrino.

El permiso del glifosato estará condicionado a la evaluación que realice la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA), a finales de 2017, sobre los riesgos para la salud y el medio ambiente del herbicida.

La Comisión propone restricciones poco significativas al uso del herbicida: prohíbe el coadyuvante talowamina, que ya se encontraba en proceso de ser eliminado por la industria desde hace varios años, obliga a los estados miembro a reforzar el control antes de la cosecha y pide a los estados que minimicen el uso en zonas como parques públicos y áreas de juego, en lugar de prohibir su uso en estos lugares. Estas restricciones están muy alejadas de las que propuso en su momento el Parlamento Europeo para proteger la salud de la población.

El glifosato fue clasificado como “probable cancerígeno” en 2015 por la IARC y numerosos estudios evidencian su capacidad para alterar el sistema hormonal. Sin embargo, la EFSA, tras analizar los estudios de la propia pesticida, determinó que era poco probable que provocara cáncer.

Cabe mencionar que los estudios de la industria son confidenciales, con acceso restringido en salas de lectura. Además, organizaciones europeas como Pesticide Action Network han llevado a los tribunales a Monsanto y al Gobierno alemán por fraude en la elaboración de estos estudios.

Estamos asistiendo a un progresivo debilitamiento de la regulación de sustancias químicas en la Unión Europea desde el inicio de las negociaciones del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP). Bajo las presiones de la industria, la Comisión está tratando de eliminar parte de la regulación de pesticidas, lo que hará imposible que el glifosato y otras sustancias tóxicas, como los contaminantes hormonales, puedan ser prohibidas en el futuro.

En Septiembre se someterán a votación los nuevos criterios para la regulación de los contaminantes hormonales, tóxicos con graves efectos para la salud y el medio ambiente. Los criterios de la propuesta de la Comisión son tan restrictivos a la hora de considerar qué es un disruptor endocrino que, en la práctica, sólo se aplicarán a dos decenas de los miles de sustancias industriales que pueden dañar al sistema hormonal.

Como demuestra el ejemplo del glifosato, la presión ciudadana es clave para la protección de nuestra salud y medio ambiente en una Europa cada vez más alejada de su ciudadanía. Casi 200 poblaciones han prohibido el uso del glifosato en sus espacios públicos, como muestra este mapa.

PINCHA EN EL MAPA PARA AMPLIAR
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Filtración de documentos del TTIP: hacia un “libre mercado” de tóxicos

IMPLICACIONES DE LOS DOCUMENTOS FILTRADOS DE LAS NEGOCIACIONES DEL TTIP
IMPLICACIONES DE LOS DOCUMENTOS FILTRADOS DE LAS NEGOCIACIONES DEL TTIP

La revelación de documentos secretos del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) por parte de Greenpeace Holanda, confirma que Europa se está dirigiendo hacia un escenario de menor protección frente a los tóxicos, que pondría en peligro nuestra salud y la de nuestra naturaleza.

La filtración de estos 12 capítulos ofrece la primera ocasión para conocer cómo se negocia nuestro futuro a nuestras espaladas. Una de las primeras conclusiones que podemos extraer de los papeles filtrados es la importancia de la industria pesticida, cosmética y química, que es continuamente consultada por los negociadores, al contrario de lo que la Unión Europea comentaba en su pasado informe sobre las negociaciones.

En un escenario en el que la mayoría de las barreras comerciales entre EEUU y Europa ya han desaparecido, el auténtico objetivo del TTIP es armonizar la normativa a ambos lados del Atlántico y proteger las inversiones de las grandes corporaciones, limitando el poder de los estados para desarrollar políticas de protección de la salud de su población.

Por supuesto, desde el punto de vista de una corporación química, armonizar normas significa rebajar estándares de protección, pruebas toxicológicas o registros, que no dejan de ser costes. Aquí la gran perdedora de las negociaciones es la población y en particular, la población europea, que hasta ahora ha gozado de la normativa sobre químicos más protectora del mundo, a pesar de sus fallos.

¿Muerte al principio de precaución?

Los papeles filtrados demuestran que el TTIP pretende eliminar el “Principio de Precaución”, base del ordenamiento jurídico europeo, al que no se menciona en ningún capítulo, ni siquiera en el de “Cooperación Regulatoria”.

El Principio de Precaución, recogido en el artículo 191 de Tratado de la Unión Europea, permite reaccionar rápidamente ante un posible peligro para la salud humana o el medio ambiente. Si los datos científicos no determinan la seguridad de una sustancia, o la ausencia de alternativas, el recurso a este principio evita su distribución e incluso puede retirarla del mercado.

Es decir, previene el daño antes de que se ocasione y busca alternativas. En base a este principio, Europa no ha permitido la entrada de carne estadounidense tratada con hormonas, como medida de precaución, por su posible relación con el desarrollo de cáncer. Tampoco permite a la industria introducir una nueva sustancia en un producto, por ejemplo un champú, sin demostrar previamente que no causará daños a la población o el medio ambiente.

En varios capítulos de los documentos filtrados se confirma la elección del principio de gestión del riesgo, seguido en EEUU, que enuncia justo lo contrario: todas las sustancias químicas son seguras hasta que se demuestre, con toda certeza, que causan daño. Es decir, permite poner en el mercado cualquier producto hasta que haya total certidumbre de que causa daño a la salud o al medio ambiente, para lo que pueden pasar años de exposición y millones de casos de enfermedad y daños ambientales.

Si con el principio de precaución en vigor en nuestro ordenamiento, algunos tóxicos con efectos negativos para la salud a largo plazo y sin umbrales de concentración seguros,como los disruptores endocrinos, se han colado en el mercado, con el principio de riesgo estadounidense la cantidad de tóxicos peligrosos en Europa aumentará inevitablemente.

¿Contaminantes hormonales, sin legislar?

Se confirma también el parón que ha supuesto las negociaciones del TTIP en la legislación de los contaminantes hormonales o disruptores endocrinos, que se esconden en multitud de productos como cosméticos, plásticos o productos de limpieza y causan daños tan graves como cáncer, pérdida de fertilidad y daños al desarrollo neuronal.

La Comisión Europea se ha sometido al mandato de la industria de pesticidas, petroquímica y de cosméticos y ha retrasado años la regulación de estos tóxicos, hecho por el que ha sido declarada culpable por el Tribunal de Justicia Europeo, en diciembre de 2015.

Corporaciones como Monsanto, Bayer o Syngenta  se han opuesto ferozmente durante años a una regulación que eliminaría estos tóxicos en pesticidas y otros productos. Ahora, con el TTIP parece que los contaminantes hormonales no se van a legislar ya que su regulación sería considerada una barrera al comercio. Aún más, si un estado concreto pretende prohibir uno de estos tóxicos en sus productos, puede enfrentarse a una demanda en los tribunales de arbitraje o “mecanismos ISDS”.

El Reglamento de tóxicos, REACH, la mayor barrera para la industria

La mayor barrera para la industria, según los papeles filtrados, son tanto el Reglamento europeo REACH, herramienta de protección frente a los químicos tóxicos, como la regulación de pesticidas en Europa. Algo que ya indicó el gobierno estadounidense en 2014, al describir que las normas europeas “suponen obstáculos al comercio innecesarios” y son “discriminatorias”.

En este escenario de ataque a la regulación europea, la industria química pone al Reglamento REACH europeo en el punto de mira. El pasado 29 de abril CEFIC, el lobby químico europeo, criticó la necesidad de registrar y testar la seguridad de miles de sustancias químicas en obediencia a este reglamento, que tildó de “monstruo” que “devorará la capacidad de la industria para innovar“.

Como vemos, en el ámbito de los productos químicos, estos documentos confirman un auténtico golpe de estado por parte de las grandes industrias, que puede afectar gravemente a los derechos civiles, a la salud y al medio ambiente de los ciudadanos de ambos continentes, con la connivencia de sus autoridades.

Aquí tienes los papeles filtrados por Greenpeace Holanda: http://www.ttip-leaks.org/

EL TTIP nos expondría a más tóxicos

Foto de la campaña de HEAL y CIEL
campaña contra el TTIP de las ONGs HEAL y CIEL

La entrada en vigor de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, más conocido por TTIP, podría amenazar seriamente la salud pública europea, al frenar los avances conseguidos en la actual legislación de sustancias químicas tóxicas en Europa.

La legislación de las sustancias químicas en Europa no es perfecta, como solemos denunciar desde este blog. Por un lado, se ha retrasado años la regulación de los contaminantes hormonales (ver noticia relacionada). El Reglamento REACH, que regula de sustancias químicas industriales, debería aplicarse de una forma mucho más eficaz. Por no hablar de la polémica del proceso de reautorización del herbicida glifosato, estos últimos meses.

Pero, a pesar de estos y otros defectos, el nivel de protección legal de la población y el medio ambiente europeos frente a tóxicos, es mayor al que existe en Estados Unidos.

El acuerdo Transatlántico pretende “promocionar el comercio y el crecimiento económico” mediante la eliminación de barreras entre EEUU y la Unión Europea, equiparando las normativas a ambos lados del Atlántico.

¿Cuáles son estas barreras?

Para los representantes de las grandes empresas de sustancias químicas y pesticidas, los estándares de protección europeos son barreras al comercio.

Por ejemplo, un fabricante de sustancias químicas, en Europa, debe proporcionar a las administraciones información sobre la salud y seguridad de sus productos antes de ponerlos en el mercado. En Estados Unidos, el 85% de las solicitudes para comercializar un nuevo producto no contienen datos sobre sus efectos en la salud y el 95% no tienen datos de ecotoxicidad. [i]

Así que las multinacionales y sus aliados en los distintos gobiernos, ven este acuerdo como otra herramienta más para detener, e incluso revertir el desarrollo de las incómodas leyes de protección de la salud y el medio ambiente.

Concretamente, en el caso de la regulación de los disruptores endocrinos, las empresas han utilizado el TTIP como excusa para retrasar la toma de criterios, como comentó la periodista Stèphane Horel en su informe “Un Asunto tóxico. Cómo el lobby de la industria química bloqueó la adopción de medidas contra los disruptores endocrinos”. El argumento de la industria era: ¿Para que dedicar esfuerzos a construir una regulación que después del TTIP no se va a utilizar?

Ante esta amenaza, las ONGs HEAL y CIEL, que trabajan junto a Ecologistas en Acción para la protección de la población y la naturaleza de la exposición a contaminantes hormonales, acaban de lanzar una nueva campaña contra en TTIP, en la que piden que  las sustancias químicas no se traten en estas negociaciones.

Ver campaña

El peligro de los “Mecanismos ISDS”

También alertan del peligro de los ISDS o mecanismos de resolución de controversias entre inversor (empresa) y Estado, que podrían ser utilizados por las multinacionales como una forma de evitar la normativa de químicos europea.

A través de estos mecanismos, una empresa podría demandar a un Estado Miembro si prohíbe la venta de uno de sus productos por contener un determinado contaminante hormonal, prohibido en ese Estado. En la práctica, deja sin potestad a los Estados para hacer su propia legislación y proteger a su población por encima de los niveles europeos.

 

TTIP y disruptores endocrinos: material imprescindible.

¿En cuánto valora nuestra salud la Comisión Europea?
¿En cuánto valora nuestra salud la Comisión Europea? Los EDCs cuestan 157.000 millones de € al año a los sistemas de salud europeos.

Los lobbies de la industria química y de pesticidas están utilizando el TTIP como chantaje para seguir poniendo contaminantes hormonales (EDCs, en inglés) en sus productos.

Así de contundente se expresó la semana pasada la periodista independiente Stéphane Horel, especializada desde hace diez años en la investigación de la influencia de los lobbies empresariales en la Comisión Europea a la hora de legislar sustancias tóxicas, en particular los disruptores endocrinos.

El objetivo actual de los lobbies es retrasar la definición de criterios de los disruptores endocrinos, esperando a la posible entrada en vigor del TTIP, con el que no se prohibirían estos tóxicos en ningún producto: al no estar legislados en EEUU, su control en Europa sería considerado como una traba al libre comercio.

Para retrasar la definición de los criterios de los disruptores endocrinos, paso necesario para prohibirlos, multinacionales como Bayer, BASF o Syngenta convencieron a los Comisarios de la necesidad de realizar un estudio de impacto socio-económico. Para estas corporaciones, la prohibición de los EDCs supondría pérdidas; para la población europea, la presencia de EDCs en nuestros productos cuesta 157.000 millones de euros al año a los sistemas de salud por cuidado de enfermedades relacionadas, como cáncer de mama, tiroides, próstata, etc. Y este cálculo es conservador.

Durante varios años, la estrategia de los lobbies ha tenido éxito: El Parlamento Europeo dictaminó en 2009, que se debía retirar del mercado cualquier pesticida con efecto sobre el sistema endocrino. Para ello, se necesitaba una definición, unos criterios, de qué se considera disruptor endocrino. Estos criterios fueron elaborados por la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión en 2013. Pero la estrategia industrial ha conseguido que, siete años más tarde, no exista regulación para los EDCs.

Según Horel,

“No es un problema de consumidores. Es un problema político. Es un problema institucional y democrático, desde el momento en que los políticos trabajan para los lobbies empresariales en lugar de para los ciudadanos”.

La falta de actuación de la Comisión ha sido tan exagerada que el Parlamento Europeo, el Consejo Europeo y cuatro países miembro (no, España no está entre ellos) han llevado el caso al Tribunal de Justicia Europeo. Según fallo del Tribunal este pasado diciembre (ver post), la Comisión, guardiana de los Tratados, ha violado la ley. Ante este fallo, el Comisario de Salud ha anunciado que acatan la sentencia pero…  “seguirán haciendo lo que creen que deben hacer”.

Es importante que actuemos como CIUDADANOS para forzar a la Comisión que adopte los criterios de definición de los disruptores endocrinos. De no ser así, estos contaminantes pueden mantenerse en nuestros productos y nuestro entorno por lo menos otros 20 años más, ya que este tipo de decisiones son muy difíciles de modificar, una vez tomadas.

Por suerte, cada vez más medios de comunicación y partidos políticos están interesados en los EDCs. Como ejemplo, a la presentación del trabajo de Horel en Madrid vinieron miembros de Izquierda Unida, Podemos, Compromís, UPyD y mostraron interés en participar, y aunque finalmente no pudieron, miembros de PSOE y Ciudadanos. Ahora, necesitamos llevar el debate a la calle.

Material sobre “Un Asunto Tóxico”

La actuación de los lobbies queda perfectamente definida, casi como en un diario, en el informe “Un Asunto Tóxico” que podéis consultar aquí.

Informe   “Un Asunto Tóxico”

También podéis ver las presentaciones que realizó Stephane Horel en Madrid y Barcelona, invitada por Ecologistas en Acción.

Vídeo de la presentación en Madrid

La visita de Stephane Horel y el tema que investiga han despertado una gran expectación en los medios de comunicación. Aquí os dejamos links a algunas de las entrevistas más interesantes.

Artículo en La Marea

Artículo en Agencia EFE

La Contra de La Vanguardia

¿Por qué la Comisión no legisla los contaminantes hormonales? Respuesta en “Un asunto tóxico”

portada del informe

Está claro que para los lobbies de la industria química los disruptores endocrinos son un negocio. ¿Pero dónde está el negocio para la Comisión? Te presentamos el informe “Un asunto tóxico” que desvela los mails intercambiados entre los representantes de la industria y las personas que “velan” por nuestra salud. 

Ecologistas en Acción trae a España a la periodista Stèphane Horel, para presentar la traducción al español de su famoso informe “Un Asunto tóxico”, que saca a la luz la trama de intereses entre la industria y miembros de la Comisión en cuanto a los contaminantes hormonales.

Descarga el Informe “Un asunto tóxico” aquí.

Cuando en 2013, la Dirección General de Medio ambiente de la Comisión cumplió su obligación de definir qué criterios tienen las sustancias disruptoras endocrinas (EDCs), para eliminarlas del mercado, la industria química y de plaguicidas, con BASF y Bayer a la cabeza, se pusieron en pie de guerra.

Los ataques de la industria han sido feroces: subvencionar estudios que desacrediten las investigaciones científicas independientes, presionar a la DG de Medio Ambiente desde otras Direcciones Generales de la Comisión, como la de Salud (aunque parezca increíble) y como no, crear alarma social sobre el daño económico que puede producir la eliminación de los disruptores endocrinos de sus productos. Para solucionar esta alarma, nada mejor que un largo estudio de impacto socio-económico que terminará, con suerte, este verano de 2016.

Todo, con tal de retrasar la legislación de los disruptores endocrinos lo suficiente como para que entre en vigor el TTIP. Para este tratado, la legislación de los EDCs será una “barrera comercial” ya que no existe en EEUU.

Ése será el golpe final para que sustancias tóxicas sospechosas de causar cáncer y otras graves enfermedades sigan como ingrediente de productos de uso diario de estas industrias.

En mitad de la negociación del TTIP, creemos que es una gran oportunidad poder debatir con la autora de esta investigación, aprovechando la presentación de su investigación en castellano. La presentación será el día 9 de febrero en Madrid y el 10 en Barcelona, con entrada libre. Además de la autora, en Madrid podremos debatir con eurodiputados y en Barcelona se hablará de las opciones legales que tenemos.

Aquí puedes ver los programas de la presentación:

En Madrid, el día 9. Sigue la presentación en streaming aquí.

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En Barcelona, el día 10:

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La regulación de tóxicos en Europa se tambalea

Estudio "A roadmap to revitalise REACH".
Estudio “A roadmap to revitalise REACH”.

Un reciente estudio del Bureau Europeo de Medio Ambiente (EEB) titulado “Una hoja de ruta para revitalizar REACH” avisa de la necesidad de reforzar este Reglamento de sustancias químicas peligrosas si queremos un entorno libre de tóxicos.

El objetivo último del Reglamento REACH es eliminar las sustancias químicas más peligrosas del mercado y por tanto, de nuestro entorno. Su proceso es sencillo sobre el papel: las empresas sólo pueden comercializar sustancias químicas preocupantes con una autorización, que reciben después de probar que el riesgo del uso de la sustancia está controlado, que las ventajas socio-económicas compensan los riesgos y que no existen alternativas más seguras a su producto. Y esta prueba corre a cargo de la empresa que quiera poner la sustancia en el entorno.

El proceso del REACH, debilitado

El estudio de EBB denuncia una pérdida en el sentido último del REACH, ya que la Comisión y la Agencia Europea de Sustancias Químicas, encargadas de otorgar las autorizaciones, están aceptando todas las solicitudes enviadas por la industria “por defecto”, con lo que han comercializado sustancias tóxicas incluso cuando hay alternativas más seguras. Un ejemplo alarmante es la posible autorización a una empresa canadiense a la venta de pintura con plomo y cromo, ambas sustancias cancerígenas prohibidas en Europa desde 2011. Así lo denuncia Dolores Romano, co-autora del informe y responsable de políticas de sustancias químicas de Ecologistas en Acción en una nota de prensa publicada hoy.

También denuncia que los Estados Miembro están faltando a su responsabilidad de crear una lista de sustancias preocupantes para las cuales sea necesaria una autorización. Así, desde la aprobación del Reglamento en 2006, sólo han propuesto 163 sustancias para la lista, de un total de 3.950 sustancias cancerígenas, mutágenas y/o tóxicas para la reproducción que hay en el mercado.

En cuanto a España, el estudio de EEB muestra su escasa contribución al proceso REACH, ya que sólo ha presentado a la lista de sustancias preocupantes una única sustancia, frente a las 44 presentadas por Alemania, por citar un ejemplo. Según Dolores Romano:

“La escasa aportación española a la eliminación de los agentes más tóxicos en Europa es un reflejo de la falta de interés del gobierno español por abordar los problemas sobre la salud y el medio ambiente ocasionados por la contaminación. La falta de una política propia, junto a los recortes de personal y presupuesto dedicado a la gestión de las sustancias más peligrosas, se han traducido en inactividad, retraso e incluso bloqueo de la regulación de las sustancias peligrosas”

La necesidad de reforzar el REACH frente al TTIP

Pero a pesar de estos problemas, el REACH genera beneficios económicos y sociales. En primer lugar, desde su aprobación se ha producido un impulso de la innovación empresarial hacia sustancias químicas menos peligrosas. En segundo lugar, supone una sistema mucho más protector que el seguido en Estados Unidos, ya que la carga de la prueba sobre si una nueva sustancia puede generar algún daño recae en las empresas químicas, no en los consumidores.

La reglamentación de las sustancias químicas peligrosas, entre ellas los disruptores endocrinos (EDCs) representa un área de debate crucial en las negociaciones del TTIP. Hemos sido testigos de las enormes presiones a las que la industria química, cosmética, farmacéutica o la de pesticidas están sometiendo a las autoridades europeas para rebajar los estándares en materia de seguridad de sustancias químicas. Por esta razón es importante reforzar nuestra barrera de protección frente a sustancias químicas preocupantes, el REACH.